Historias de animales
Había una vez dos hermanas llamadas Candi y Bea. Todos los fines de semana cogían el tren e iban al campo de sus abuelos. Allí se divertían con sus animalitos: Honorata, la gata gris, Blanquito y Negri, hijos de Honorata, Montesa la mastina, Cuqui, una perrita pequeñita, y Zorri, su madre. Ahora voy a contar algunas historias sobre ellos.
La llegada de Honorata
La prima Nuria vivía en Madrid. Era alérgica a los gatos y le pidió a tía Concha que cuidase de Honorata en la granja. Concha era la abuela de las niñas Candi y Bea. Vivía con su marido, el abuelo Ñoño, y la tata Ani en el campo. A ellos les encantaban los animales.
Era por la mañana y la gata Honorata estaba acostada a los pies de la cama de los abuelos. Abuela Concha movió los pies y Hono se asustó. Saltó sobre la mesilla de noche y la dentadura postiza del abuelo salió volando. Se levantó todo el mundo con el ruido. Beatriz cogió la dentadura y todos se rieron muchísimo.
Honorata, una madre estupenda
Honorata ha tenido varios hijitos. En el campo, con ella, viven Blanquito y Negri.
Una noche, la familia estaba cenando cuando la mamá de Candi y Bea gritó asustada:
¡AAAHHHH!. Todos dejaron de comer y miraron. La mamá daba saltos y chillaba. Honorata llevaba en la boca un ratón para darles de cenar a sus hijos.
Después, cuando todos estaban acostados menos Candi y su abuela, los gatitos se escaparon. Los buscaron, pero no fueron capaces de atraparlos. La abuela Concha llamó a Hono y le dijo: “Hono, ¿dónde están tus hijos?”. La gata respondió: “¡miau, miau!”. Al rato, Honorata apareció con sus hijos en la boca. Así no tuvieron que dormir fuera.
La llegada de Flaqui
Un día, por la mañana, las niñas vieron al gato negro un poco raro. Honorata no lo quería y se peleaba con él. Beatriz dijo que el gato estaba muy delgado y mamá decidió que había que
llevarlo al veterinario, porque se había quedado muy flaco en pocos días. Candi, que miraba y no había dicho nada, de repente gritó: “¡Mamá, ese no es Negri, es otro gato!”. Era verdad, al momento vieron a Honorata con su hijo Negri y, al lado, otro gato negro muy flacucho. Los abuelos dijeron que era un gatito de la granja vecina. Decidieron adoptarlo y lo bautizaron con el nombre de Flaqui.
Cuqui se quiere bañar
Era la hora de los juegos olímpicos de natación. Cuando se acabaron Cuqui, la perrita, desapareció. De repente Beatriz gritó: “¡mamá, abuela, Candi, venid rapidamente!, ¡mirad a Cuqui!”. Cuqui estaba nadando en la piscina, como los de los juegos olímpicos. ¡A lo mejor Cuqui se presenta a las próximas olimpiadas perrunas!.