Diario de Mascotas

Historias reales de animales especiales

El incendio

Me desperté con la explosión. Tardé unos segundos en hacerme una idea sobre qué podía estar pasando. Salté de la cama y al abrir la puerta vi la bolsa de humo negro que trepaba veloz por la escalera.


Corrí a por mis hijas y, como pude, las saqué del hostal. Después subí a coger unas mantas y avisé a los demás huéspedes que quedaban en las habitaciones.


Para entonces alguien había avisado a los bomberos y cuando salimos estaban en la puerta.
- “Cuantas personas hay en el hostal?”, me preguntaron.
- “Quince!”, acerté a contestar.
- “Bueno, entonces ya no queda nadie…” respondió el jefe.
- “Mi perrita, mi perrita, queda mi perrita!!!!”, con todo aquel jaleo había olvidado a Luna, mi pequeña perrita. La imagen se clavó en mi mente, recordé cómo salto bajo mi cama cuando salí de la habitación!.
- “Señora, ya no se puede entrar!”.
Mi alma gritó la respuesta: “Escúcheme, mi familia no somos cuatro, somos cinco!. Si no entran a por ella, lo haré yo misma!”.

El hombre no tuvo dudas de que hablaba completamente en serio, así que se decidieron a subir. Fueron los peores momentos que he vivido, se que pasaron solo unos minutos, pero la espera parecía interminable.


Por fin salieron con ella. No respiraba.
Le pusieron oxígeno y la llevaron al hospital veterinario.


Los tranquilizantes que me dieron en urgencias no hacían efecto, solo podía aferrarme al móvil esperando aquella llamada que no llegaba nunca.


Por la mañana sonó el teléfono: “Luna está fuera de peligro!”.  Fue entonces cuando los cuatros nos abrazamos y empezamos a llorar.


Mi chiquitina siempre ha estado con nosotros, caminando a nuestro lado por todas partes, como una sombra, pero desde aquel día, la veo más guapa, más grande y más alegre que nunca. Lo que más nos gusta es salir a pasear cuando cae la noche, pues la del cielo y la del suelo nos acompañan por el camino.

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