Diario de Mascotas

Historias reales de animales especiales

Sonrisa

A finales del 2007 tuve un grave accidente de tráfico, el cual hizo que me cambiase la vida por completo. Los médicos me diagnosticaron que tendría dolores de por vida, que jamás podría volver a hacer muchas cosas de las que hacía antes.

Como es lógico y sin querer admitirlo entre en una gran depresión. Si el accidente no había cambiado lo suficiente mi vida, la depresión no ayudó en exceso, mis relaciones con mi marido, familia y amigos en algunas ocasiones se deterioraron en exceso.

Pero como que la vida es un gran baile y hay que bailar lo que nos pongan… un día y pasado mas de un año y medio del accidente, decidí que se habían acabado las penas y que era hora de superar la depresión y empezar una nueva vida con las limitaciones que como secuelas me habían quedado. Y como todos sabemos aunque a veces cuando estamos en un túnel no seamos capaces de ver, si le sonríes a la vida la vida te devuelve la sonrisa.

Pues así paso, en todo este tiempo una de las pocas actividades que no había abandonado fue mi labor animalista y eso en parte me ayudaba a pasar los largos días en casa con grandes dolores.

Nuestra familia animal hacía tiempo que no variaba ya que con tantos problemas era imposible y a veces se hacía cuesta arriba poder dedicarles el tiempo que se merecían. Pero hace poco y por arte de magia apareció en la puerta de mi casa un perro, un cachorrito de 6 o 7 meses muerto de sed y hambre.

Como buena animalista se le abrieron las puertas de casa con la intención de llevarlo al día siguiente a la protectora, pero esa noche, sus lametones y las energías por vivir con su edad, me volvieron a hacer sonreír. Me demostraron que al mal tiempo había que ponerle buena cara por que así todo va mejor.

Al día siguiente y camino de la protectora dimos media vuelta al coche y lo llevamos al veterinario a comprarle pienso, ducharlo y dejarlo todo lo mas guapo que pudimos.

Ahora ese perro se llama Sonrisa, por que es lo que me ha devuelto. Sonrisa me ha enseñado que si nos dejamos amar y no mordemos a aquellos que nos tienden la mano podemos ser más felices.

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